Paseo nocturno de memoria.
15 Marzo, 2009
Pisar la Plaza Mayor de León es un privilegio, pero hacerlo cuando las decenas de farolas de sus soportales se encienden, es aun más bonito. Recorrer sus soportales, escuchando el bullicio de los muchos locales que pueden econtrarse en estos bellos soportales, es una manera de pasar un corto espacio de tiempo sintiendo como late al corazón de esta ciudad.
Subiendo la calle adoquinada, hacia la Catedral, se puede divisar la potente luz que ilumina la majestuosa Pulcra Leonina, o Catedral de Santa María, popularmente conocida como la Catedral de León, simplement. Sus vidrieras, en su parte exterior, no reflejan la colosal bellezar que se puede apreciar en su interior, pero sus medias, su pose parecen acrecentar su importancia con el calor de los focos. Es una estrella, la estrella de León.
Bajar andando la calle Ancha, hasta los pies de Botines, este palacio que más que la sede de una entidad bancaria parece el castillo de un cuento hadas, del que puede salir en cualquier momento una linda princesa que habitan en él. Es una magnífica obra de Gaudí, que da la bienvenida a las personas que acceden al casco antiguo e histórico de la ciudad.
Mi paseo termina por hoy, en un lugar tan bello como emblemático, no sin dejar de pensar la cantidad de lugares que aún me quedan por recorrer. Y lo hago desde mi memoria, desde mi recuerdo, porque desafortunadamente para mi estoy a miles de kilómetros de mi tierra.


